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Por Soy un Rotario

Por Bhichai Rattakul, Presidente, Rotary International 2002-2003  

 

Porque no tenía fe en Rotary, me acostumbré a hacer broma de los rotarios. Nunca creí que Rotary fuera un club de servicio, sino un simple club para almorzar.

Me acostumbré a bromear de los rotarios, especialmente del que casualmente fue médico en la industria farmacéutica donde trabajé como director gerente.

No entendía, entonces, por qué estaba tan alborozado antes del mediodía todos los jueves, sólo porque estaba a punto de asistir al almuerzo de la reunión de su club Rotario.

No entendía por qué este Rotario muy a menudo, no cobraba a sus pacientes cuando sabia que venían de las áreas rurales de Tailandia con a penas dinero para su transporte a Bangkok. Ellos le traían plátanos y mangos de sus granjas y campos para pagar las facturas médicas.

¡No tuve las respuestas ni siquiera después de su muerte! ¡De todas formas, no estaba interesado en Rotary!

Pero, cosas del destino, fui "atraído" hacia Rotary por un anciano caballero que se acercó a mi padre en 1958 invitándole a ayudarlo a formar un nuevo club Rotario, el segundo club en Tailandia, que vió la luz el 14 de mayo de 1958.

Mi padre, como yo, no estaba interesado en Rotary; sin embargo, por respeto a su amigo, me "forzó" a ayudar al anciano caballero, que supe después había sido miembro fundador del Rotary club de Bangkok, fundado en 1930, y que se convirtió en el presidente fundador del segundo club del país, el Rotary club de Dhonburi.

Todavía puedo recordar perfectamente su cita de George Bernard Shaw: "La vida no es una 'efímera' vela. Sino una antorcha espléndida que quiero hacer quemar tan brillante cuanto sea posible antes de pasarla a las generaciones futuras."

Él, ciertamente, me había pasado una antorcha espléndida que cambiaría por completo mi vida, haciéndome dejar de ser un hombre muy egoísta, un hombre que sólo tenia la mente puesta en su propio negocio, que jamás había tenido idea que dar es privilegio y que no dar es infortunio, un hombre sin clarividencia ni utilidad para los demás. Ser un Rotario me transformó en un ciudadano responsable, un Rotario y un político con visión y misión de planear cada acto pensando en proporcionar la máxima satisfacción posible a los demás.

Quién compartió Rotary conmigo en 1958, ya no existe. Pero su sabiduría y la creencia de que Rotary era bueno y hacía bien, siempre serán una antorcha guiando lo que haga. Yo, también, quiero hacer que esa antorcha queme tan brillantemente como sea posible antes de que la pase a las generaciones futuras.